2 dic. 2012

Perder por incomparecencia

Ronaldo vuelve a marcar ante el Atleti
Sólo hay algo peor que perder un partido: perderlo por incomparecencia; perderlo sin competir. Hasta hoy, en lo que va de Liga, uno de los elementos diferenciales del #Atleti con respecto a su actitud en temporadas anteriores ha sido, precisamente, que no hay partido en el que no compita, en el que no luche por ganar, y en el que no tenga ocasiones para lograrlo. Perdimos ante el Valencia, pero se disputó hasta el final, y no se mereció la derrota. Quizá el único ejemplo negativo sea el partido de Europa League en Coimbra, pero había poco en juego, y hasta se podría disculpar.

Lo del Bernabéu no tiene disculpa. Y, si se me apura, con ser importante, lo de los puntos perdidos es casi lo de menos. En el Bernabéu no jugábamos un partido de liga. No, al menos, el Atleti. Nosotros jugábamos una final; un pedazo importante de historia; una reválida; un examen en primera persona. Perdimos la final; perdimos un pedazo de historia; y suspendimos la reválida y el examen.

De repente, el Atleti que ahoga a su rival; el Atleti ambicioso; el Atleti que presiona incluso cuando gana cuatro a cero ante nueve (como en el partido frente al Sevilla); el Atleti que nunca se conforma; todos esos Atletis desaparecieron en el Bernabéu. Fue, otra vez, el Atleti de nuestras pesadillas: el Atleti asustadizo, acobardado, timorato, encogido, acomplejado. Fue el Atleti nervioso que hace faltas absurdas, como la mano de Arda que permitió al Real Madrid marcar el primer gol. Fue el Atleti desordenado (por miedoso), cuya defensa se va entera a tapar a Ronaldo, y deja sólo, a cinco metros de la portería, a Ozil, en el segundo gol. Fue el equipo que se mete en batallas subterráneas disparatadas, como las de Diego Costa con varios jugadores del Real Madrid: patadas, cabezazos, codazos... ¿Por qué no intentamos simplemente jugar al fútbol?

Fue, otra vez, ese equipo en el que los buenos desaparecen ante los rivales fuertes. Debió ser el partido de Arda, de Falcao; debió ser el partido en el que Gabi y Mario se reivindicaran como futbolistas capaces de disputarle el centro del campo a Xabi Alonso o Khedira. Debió ser el partido en el que nuestra defensa, tan sólida durante toda la temporada, frenara a Ronaldo y a Benzema.

Y debió ser, también, el partido en el que Simeone diera el golpe definitivo; esa demostración de que él es el gran entrenador que está demostrando ser, y que su equipo es capaz de hacer esas cosas que hasta el partido del Bernabéu creímos que podíamos hacer. Simeone debió plantear el duelo del Bernabéu como planteó las finales de Bucarest y de Mónaco: como un partido único, especial, en el que sólo cabe ganar o ganar. Pero da la sensación de que lo planteó como otro partido de liga cualquiera. Y no lo era.

Por suerte, pudimos evitar una goleada humillante. Pero ante un Real Madrid menor, con muy poco juego, se ha perdido una ocasión única de demostrar que tenemos la capacidad de ir mucho más allá. Es verdad que las ligas o los puestos de Champions se pueden conseguir sin ganar al Madrid o al Barcelona. Pero es igual de cierto que ante esos rivales se demuestra nuestro verdadero nivel. Y el Bernabéu, nos guste o no, nos ha puesto en nuestro sitio. Otra vez. Y van demasiadas.

El Real Madrid es mejor equipo que el Atleti. Esto no es ningún secreto. Pero el Real Madrid pierde partidos contra equipos peores que él. Esta misma temporada ha ocurrido más de una vez. Nosotros seguimos sin conseguirlo. Dentro de media liga tendremos otra oportunidad de arreglarlo en el Calderón. Ojalá esa sea la buena. ¡Aúpa Atleti!

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