24 may. 2011

Kun él todo era posible

#Atleti Sin él somos huérfanos de nosotros mismos, de nuestra identidad, porque presumimos de ser distintos, especiales, una casta inaprensible, indomable, indefinible e inasequible al desaliento y así ha sido el Kun, y sólo el Kun, en estos cinco años.
Es verdad que en este tiempo le han acompañado grandes jugadores, extraordinarios como Forlán, y extraordinarios y además muy nuestros como Torres, pero sólo Kun ha cumplido todas las condiciones, con toda la entrega y con ese algo distinto que le distingue de los demás. Y la palabra es inaprensible: que no se puede asir; imposible de comprender.
No se trata de comparar. Perdónenme los torristas. Yo me considero uno de ellos. Perdónenme los futristas, que también lo soy. Perdónenme los dirceuístas que lo soy asaz. No me remito más atrás que no recuerdo en primera persona lo suficiente como para valorar, pero ninguno como el Kun me ha hecho ver con tanta frecuencia dibujos animados sobre el césped, jugadas imposibles de playstation, regates propios de fantasías deportivas infantiles. Ir al Calderón ha sido un placer a pesar de los pesares sólo por ver a Kun Agüero. Su sola presencia justifica el precio de cualquier abono.
Desde que lo vimos jugar la primera vez nos dimos cuenta de que era distinto a todo lo que habíamos visto hasta ese momento. La ceguera mediática obnubilada por las maravillas bien pertrechadas de Messi y Cristiano nos han permitido mantener el secreto. Por alguna extraña razón él también lo ha querido así, pero lo anunció definitivamente al mundo el último partido con tres goles de ensueño, tres goles para un record (su gol número 100), tres goles para su primer y último hat-trick en el Atleti. El secreto que el Kun y nosotros sabemos es que es el mejor jugador del mundo. Porque sí, sabemos que ahora no lo es, pero todos sabemos que ahora lo va a ser. Porque desde hace mucho tiempo todos los que hemos visto jugar al Kun en el Calderón sabemos que con él todo era posible. Todo, menos que se quedara un año más.
Quedamos huérfanos y más que nos vamos a quedar por lo que parece. Se avecina desbandada a comentar en próximas ediciones. Si no fuera porque son muchos años y muchas desgracias las que cargamos sobre nuestras espaldas diría que a todo esto sigue nuestra propia desbandada, pero supongo que no. Nos levantaremos de ésta aunque ahora no tengamos muchas ganas. Yo desde luego no las tengo, aunque sabía que ocurriría. La noticia es mala pero no es el único nubarrón que se ha instalado en el Manzanares. Se han podrido los cimientos.
Ahora disfruten del último gol del argentino con el Atleti y luego lloren. No sientan vergüenza por ello, es natural.