21 mar. 2010

Cuestión de intensidad

Quizá hayáis podido ver el Mancheste United-Liverpool. Se jugaba justo antes de que lo hiciera el Atleti. Ha sido un partido muy esclarecedor de lo que nos separa de ser un equipo más importante de lo que somos. Hay, como se puede imaginar, notables diferencias de calidad. Pero no todo es calidad en el fútbol. Hay un factor que nos cuesta mucho aportar: no jugamos con la intensidad suficiente. No, desde luego, con la intensidad con la que juegan otros equipos, como el Mallorca. No, sin duda, con la intensidad con la juegan el Manchester United, o el Liverpool. Impresionaba ver el desgaste de todos los jugadores, en una lucha que sólo se ha terminado cuando el árbitro ha pitado el final.

Esa intensidad sólo se ve en el Atleti de forma muy excepcional. Y, quizá, sólo cuando nos ponen delante a un grande. Hemos tenido intensidad ante el Valencia o el Barcelona. Claro que es estupendo ganar a esos equipos. Pero las posiciones en la Liga se definen, sobre todo, en Jerez, y en Zaragoza, y en Bilbao, y en Villarreal... El Barcelona se puede permitir el lujo de perder sus dos partidos frente al Madrid, y aún así ganar la Liga. Y el Madrid puede perder ante el Barcelona y ser campeón. Pero si se quiere estar arriba, donde hay que ganar es en los demás campos, y ante los demás rivales. Y ahí, en esos otros campos, es donde hay que poner la calidad, y la intensidad. Los equipos que no son demasiado buenos suplen sus carencias a base de intensidad. Hay que responder de la misma forma, para empatar en intensidad y que la calidad se imponga.

Ante el Mallorca hemos jugado sin intensidad, y lo hemos pagado con cuatro goles perfectamente evitables. Los cuatro. Tan evitables como las dos tarjetas absurdas de Raúl García. Parece empeñado en no jugar, y lo consigue. Tan evitables como los empecinados errores de Perea, un futbolista entregado, profesional, rapidísimo, pero a ratos (muchos ratos) letal para su propio equipo.

Vicente Vallés