5 abr. 2016

Epopeya de diez contra doce

Otro gol de El Niño... antes de que le expulsaran
Digamos un par de cosas para no mentirnos a nosotros mismos: el Barcelona no nos hubiera ganado en el Camp Nou en Liga si no hubieran expulsados a dos jugadores del #Atleti, y no hubiera ganado (quizá ni siquiera hubiera empatado), si el .... ¿cómo calificarlo? .... si el incompetente árbitro del partido no hubiera expulsado injustamente a Torres (aunque El Niño pareció un juvenil arriesgando en una entrada del todo innecesaria), no hubiera tenido un criterio claramente desviado a favor del Barça en el reparto de tarjetas, y hubiera expulsado, como debió hacerlo, a Suárez por una agresión dentro del área del Atleti. Diez del Atleti contra once y el árbitro en el bando contrario. Y no es culpa del Barça, sino de la UEFA. Deben pensar como Rummenigge, que la Champions sólo deben jugarla los que le gustan a él. Los demás molestan.

Pues lamentamos anunciar que el Atleti tiene toda la intención de seguir molestando. Lo hicimos hasta la expulsión de Torres, con la presión adelantada. Nada de echarse atrás a defender el cero a cero. Simeone salió valiente, con Carrasco en lugar de Augusto para buscar el gol. Lección aprendida de la eleminatoria ante el PSV: hay que marcar fuera. Y lo consiguió porque el Atleti era mucho mejor que el Barcelona. Como lo fue en el Camp Nou en el partido de Liga antes de las expulsiones. Como lo fue en el Calderón, también en Liga, antes de que resucitara Messi desde el banquillo a falta de quince minutos.


La hora del equipo y de la hinchada


El partido de ida de cuartos de final ha sido una epopeya, una oda al esfuerzo conmovedor de un grupo que sabe jugar al fútbol. No al futbolín de Rummenigge. Al fútbol. En todo el campo. Arriba y abajo. Al ataque y en defensa. Fútbol en toda la extensión de la palabra. Un equipo que emociona.

El resultado no es bueno porque no es justo. En parte ha sido prefabricado por el árbitro. Pero queda otro partido, y el Calderón va a ser el de los días más grandes. Con una obligación para la hinchada del Atleti: esforzarse tanto como sus jugadores. Y no es obligación, es devoción.

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