31 oct. 2015

La falta de ambición penaliza al Atleti

Tiago marcó un golazo. Foto: Alex Marín/www.clubatleticodemadrid.com

No es la primera vez. Al Atleti se le abre un abismo ante sí cada vez que tiene la oportunidad de meter presión a los primeros, quizás ganar el liderato. Terminada la cuesta arriba con la que el equipo había iniciado la Liga, ante equipos de la zona alta o que se presume acabarán en ella, se iniciaba ante el Deportivo un camino en teoría más fácil, con el equipo en franca mejora y en fase de consolidación (era la primera vez que Simeone repetía once en dos citas seguidas tras 29 partidos). El primer tiempo fue una muestra de esas buenas sensaciones acumuladas en las últimas jornadas. También de algunos de sus defectos aún no solucionados como el poco aprovechamiento de las oportunidades y el dominio del juego. La decisión táctica de replegarse en la segunda parte, la incapacidad de generar peligro a la contra y un error inusual de Giménez a falta de quince minutos para el final condenaron al Atleti a un empate y a sufrir ante un equipo que sólo inquietó por el impulso anímico que le dio ese error y la falta de ambición visitante.


No tiene miedo el Atlético en buscar el dominio del balón y la posesión. Lo hizo ante el Deportivo en la primera parte, con poca profundidad, pero sabiendo que llegaría la oportunidad o el error del rival. Un rechazo de la defensa y un disparo tremendo de Tiago, otra vez controlador universal del juego, abrió el marcador. A partir de ahí llegaron las oportunidades, incluido un cabezazo de Godín al palo.

No se aprovecharon las oportunidades y en la segunda parte, como era de esperar, el Depor salió con más ambición. El Atleti pasó a jugar al contraataque, como era lógico, pero fue incapaz de hilar nada con auténtico peligro. Se limitó a vivir cómodamente confiado en que su entramado defensivo siempre tan seguro sustentaría al equipo y le permitiría aprovechar otro error del rival o una jugada personal para cerrar el partido. Pero jugar al 1 a 0 con una actitud tan poco ofensiva tiene riesgos. Riesgos innecesarios cuando hasta ese momento el equipo se había mostrado muy superior. Un simple error demasiado cerca del final como para poder corregirlo fue suficiente como para perder dos puntos. Un disparo a la escuadra al que no pudo llegar Oblak nos pudo retratar aún más.

Los cambios tampoco solucionaron mucho. La salida de Tiago, la mente más clara del equipo, cegó los caminos hacia la delantera. Correa no ha vuelto a sorprender con sus apariciones como en los primeros partidos y Torres apenas tuvo tiempo para tocarla. El martes en Champions toca un incomodo partido en Astana para recuperar sensaciones.

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