25 may. 2014

Qué manera de subir y bajar de las nubes... en un minuto

Sólo faltaba un minuto. Sólo uno...
La línea que separa la gloria de la amargura es tan fina que, a veces, se aprecia apenas en los escasos segundos que un árbitro se retrasa en pitar el final de un partido. Por segunda vez, el Atleti se ha quedado a un minuto de la gloria europea. Ha sido un procedimiento cruel de derrota, y nosotros sabemos mucho de derrotas crueles.


La mejor temporada del Atleti en años ha terminado de una forma desalmada. Quienes al principio del curso decían que el equipo de Simeone no iba a aguantar el ritmo con el que empezó, no tenían toda la razón, porque hemos ganado la Liga. Pero parcialmente acertaban. El Atleti ha llegado exhausto al último momento, a este último y desgraciado momento, en el que más necesitaba disponer de un suspiro extra; ese suspiro de aliento que hubiera evitado la sentencia de Lisboa. Resultaba conmovedor y dramático ver cómo corrían cojos Juanfran y Koke; cómo Villa, al que las fuerzas se le acabaron a mitad del segundo tiempo, iba a por todos los balones… Parecían los últimos de Filipinas, los 300 de las Termópilas, los que murieron con las botas puestas en Little Big Horn.


Pero la realidad es que el Atleti no ha podido ganar uno solo de los últimos cuatro partidos de la temporada, y todos eran definitivos. Se perdió ante el Levante, cuando había que ganar. Se empató ante el Málaga, cuando podíamos ser campeones. Se empató en el Camp Nou, en un encuentro agónico que, por suerte, nos dio el título. Pero tuvimos que esperar hasta el último segundo del último partido de Liga para conseguirlo. Y no fuimos capaces de aguantar un minuto más en Lisboa.


Era sólo un minuto más. Apenas un minuto. Pero igual de cierto es que el Atleti se había derrumbado antes de llegar a la mitad de la segunda parte. La última media hora fue un monólogo angustioso de un Real Madrid sin muchas ideas, pero con más fuelle. Y, sobre todo, con un banquillo cuyos suplentes deben tener un valor de mercado del entorno de los 150 millones de euros. Toda la plantilla del Atleti no vale lo que el banquillo del Madrid o del Barcelona. No hay un solo jugador del Atleti que haya costado los 35 millones de euros que pagó el Madrid por Illarramendi, y ahora no le sacan porque no se fían de él. ¡El Madrid no se fía de un futbolista por el que pagó 35 millones…! Pero con eso hay que vivir.


Reflexión y planificación


Los tres goles de la prórroga sólo fueron la forma que tuvo el destino de hacer más sangre con el Atleti y cumplimentar a los vencedores con un festival para el que no habían hecho tantos méritos.


Ahora llega el momento de reflexionar y planificar la próxima temporada. Reflexionar sobre el error (extraordinariamente grave) cometido al poner a jugar a Diego Costa y perder un cambio a los 8 minutos de partido en una final de Champions. Y toca planificar sobre una base preocupante: ¿podrá el Atleti mantener a sus mejores futbolistas? La prensa publica estos días noticias sobre el interés de medio mundo en casi todo el equipo titular: por supuesto, Courtois, que ni siquiera es nuestro; se une a la lista toda la defensa, además de Koke, Arda y Diego Costa.


Y algo aún más preocupante: ¿qué ocurrirá con Simeone? Lo peor que puede pasarle al Atleti es que la selección de Argentina haga un mal papel en el mundial de Brasil, porque si eso ocurre no lo duden: los argentinos llamarán al Cholo, y el Cholo tendrá muy difícil decir que no a su país.


Es una lástima que la temporada termine de la forma en la que terminó el partido de Lisboa. Ganar la Liga española ante dos estructuras todopoderosas como el Real Madrid y el Barcelona es heroico (y difícilmente repetible). Pero resulta imposible quitarse de la mente el momento en el que, a un minuto del final, la pelota entró junto al palo derecho de la portería de Courtois, justo el mismo palo por el que entró el balón 40 años atrás ante el Bayern, también en el último minuto, sin que Miguel Reina, que se estiró igual que Courtois, pudiera evitarlo. Joaquín Sabina y Pancho Varona lo definieron con triste fidelidad en su himno del centenario: “qué manera de subir y bajar de las nubes…”. Ya habíamos subido a las nubes... Sobró un minuto... Pero “qué viva mi Atleti… de Madrid”. Siempre.


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