1 feb. 2014

Luis, Zapatones, el Abuelo, el símbolo del Atleti

Luis, en los años 70
Hace casi 40 años (mayo de 1974), un tipo ya mayor para seguir en activo (35 años de edad) vio al árbitro pitar una falta al borde del área rival. “Esta es mía”, debió pensar. En realidad, seguramente ni lo pensaba, porque todas las faltas al borde del área, todas sin excepción, las lanzaba él, eran suyas. Se trataba de un automatismo desde siempre. El porcentaje de lanzamientos directos que acababa en gol era altísimo, y muy pocos lo han igualado después.

Miró a la barrera del Bayern Munich y, un poco más allá, al portero Sepp Maier. Casi todos los jugadores que formaban esa barrera y también el portero iban a ser pocos meses después campeones del mundo con Alemania. Luis se acercó al balón con un mínimo trote lento y lo tocó con sutileza, revirado, tangencial. Era un toque quedo, sin necesidad de ponerle mucha fuerza. Salía del pie girando sobre sí mismo, como una rotación planetaria, y haciendo diabluras en el aire para despistar al portero. Fue poco más que un roce, apenas una caricia, un mimo. La pelota despegó del suelo, tomó altura, cogió velocidad de crucero, sobrevoló a la barrera, inició el descenso, pasó a un lado de Maier, y el portero la miró sabiendo que era inútil estirarse. Para entonces, Luis llevaba ya un rato celebrando el gol dando saltos. En las imágenes se aprecia que levanta el brazo al ver que la pelota sobrepasa la barrera, y aún le faltaban diez metros para llegar a la línea de portería. Cuando lo tocó ya sabía que iba a ser gol. Los que estaban viendo el partido lo sabían incluso desde antes. Porque era Luis.


Aquel gol no sirvió para ganar la Copa de Europa, pero la muerte de Luis en este primer día de febrero de 2014 es un motivo más para que el Atleti pelee por llegar a la final de la Champions en mayo, cuando se cumplirán 40 años de aquel maravilloso y aciago partido. El Atleti tiene esa deuda pendiente, y ha de saldarla.


Cuando el Calderón gritaba “Luis, Luis, Luis…”



Luis Aragonés no era un tipo simpático. No, al menos, con quienes no fueran sus amigos. Era un gran cascarrabias, a veces malencarado y protestón. Pero Zapatones o el Abuelo, como le llamaban en sus tiempos de jugador, es irrepetible. Es un símbolo de una de las mejores plantillas que ha tenido el Atleti: la de los años 70. Y es una figura a la que recordar y emular para que el proyecto de Simeone consiga el éxito que merece.

En aquellos dulces años 70, cada vez que el árbitro pitaba una falta al borde del área el Calderón entero gritaba a coro “Luis, Luis, Luis, Luis…”. Debía resultar amenazador para los porteros rivales. Sólo la pericia de Pantic en el Atleti del doblete ha provocado sensaciones similares.

Fue en aquel mágico 1974 cuando una tarde, después del entrenamiento, el presidente Vicente Calderón decidió destituir al entrenador Juan Carlos Lorenzo. Acto seguido llamó a Luis a su despacho y le dijo que debía dejar de jugar y asumir el puesto de técnico. A la mañana siguiente, Luis se puso el chándal y empezó a entrenar, llamando de usted a quienes unas horas antes eran sus compañeros de vestuario y de copas en la tasca. ¡Hasta aquí llegaron las bromas!

Con Luis fuimos campeones de Liga, de Copa, y de la Intercontinental, en una noche maravillosa en el Calderón ante Independiente de Avellaneda. Y con Luis como seleccionador España fue campeona de Europa, en otra noche mágica en Viena, ante Alemania. Pocos lo recordarán, pero fue Luis el que puso el apodo de “La Roja” a la selección. Y fue Luis el que dejó fuera de La Roja a Raúl, en la que probablemente fue la decisión más difícil y más acertada que tomó.

Hoy, Zapatones, el Abuelo, el Sabio de Hortaleza, el mejor lanzador de faltas directas que haya pisado los estadios españoles, el símbolo del Atleti, el cascarrabias, el seleccionador que inició la era de los títulos, el hombre que definió este juego como “ganar, ganar, ganar y ganar, y volver a ganar”… Hoy, Luis Aragonés se ha ido. El fútbol le echará de menos. Ha sido uno de los grandes.