18 may. 2013

El día que España fue del Atleti... y volvimos a vaciar medio Santiago Bernabéu

Diego Costa, uno de los héroes de la final
Era la una menos cuarto de la madrugada. La fiesta estaba terminando en el Bernabéu, aunque continuaría por las calles de Madrid. Los jugadores del #Atleti ya habían dado la vuelta al campo con la Copa, y se habían ido al vestuario. Pero uno de ellos regresó al cesped. Era Koke. Llevaba una bandera del Atleti en la mano. Corrió hacia el círculo central, la estiró y la posó sobre el punto desde el que se inician los partidos. Se puso de rodillas y besó la bandera de su Atleti, de nuestro Atleti. Un chico de la cantera, atlético desde la cuna, mostraba gráficamente lo que acababa de ocurrir: habíamos hecho la conquista más deseada, más sufrida, y que más se había hecho esperar.

Un rato antes, vimos a Courtois disfrutar como un niño con su tercer título como portero (porterazo) del Atleti. Vimos llorar a Falcao en los brazos de Simeone. Vimos a Arda dar saltos al ritmo de la hinchada. Vimos a Asenjo clavar el mástil de una bandera del Atleti en el cesped. Vimos el manteo a Simeone, y el intento de manteo al Mono Burgos (demasiado grande para que el manteo terminara con éxito).

Aún antes de eso, vimos a Gabi, el gran capitán, otro más de la cantera, levantar la Copa al cielo de Madrid.

Aún antes, no vimos a Mourinho recibir la medalla de subcampeón de manos del Rey. Y, por lo que parece, esa gran institución que se supone que es el Real Madrid le permitió hacer ese gesto soberbio y maleducado. Soberbia y mala educación han prosperado mucho con Mourinho. Florentino Pérez sabrá lo que ha hecho. "Mourinho quedaté, Mourinho quedaté" gritaba la grada colchonera.

Aún antes de eso, 120 agónicos minutos de tensión y gargantas afónicas.

Aún antes, miles de atléticos, decenas de miles, cientos de miles en toda España y en todo el mundo, uniendo sus deseos con los que la plantilla para romper maleficios. El Madrid tiene una afición muy amplia en todo el país, pero anoche había más españoles deseosos de que ganara el Atleti. El empeño de Mourinho ha sido grande para generar enemigos. En este día para el recuerdo, España es del Atleti.

Y ahora, roto ese maleficio en el momento más oportuno, y en el lugar en el que corresponde hacerlo, tiene más sentido la pancarta que la grada madridista nos mostró antes del partido. Hablaba de conquistas. Bien dicho, aunque equivocaran al protagonista de esa conquista.

Y después de todo eso, terminado el partido, se repitió el milagro de aquella otra gloriosa final de Copa de 1992, cuando también ganamos en el Bernabéu: medio estadio quedó vacío, el lado madridista, mientras el otro medio seguía abarrotado de gozo y pasión rojiblanca.

Y al terminar, Simeone estableció las diferencias que hay entre unos y otros. Reconoció la obviedad de que el Madrid tiene mejor equipo. Pero es igual de obvio que no siempre gana el equipo que es superior, sino el que se sobrepone a las dificultades. A esa hora se desconocía el paradero del entrenador rival. Y, lo más importante: a nadie le importaba.

Simeone dijo que "desde la humildad no tenemos miedo a nadie". Y algo más: durante catorce años de derrotas, miles de niños atléticos seguían sin ver a su equipo ganar al Madrid. "Esta noche me acuerdo de los niños del Atleti. Ahora irán al colegio aún más orgullosos". Palabra del Cholo. Dicho queda.

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