16 dic. 2011

La sensatez y el arrojo de Domínguez


#Atleti El Atleti ya no vive malos tiempos. Esa categoría es más o menos soportable para los atléticos, que pocas veces vivimos buenos tiempos. Estamos muy acostumbrados. No son malos tiempos, son pésimos.

La entidad está en ruptura total. Hay fractura en los despachos de quienes mandan en el club. Hay fractura en el vestuario. Y hay fractura en la grada.

Hemos alcanzado el peor grado, aquel en el que ya empezamos a no soportarnos entre nosotros: unos jugadores no soportan a otros, ni al entrenador; el entrenador no soporta a algunos jugadores, ni a la prensa; la directiva no soporta a los jugadores, ni al entrenador; y la afición ya no soporta a nadie, ni siquiera a sí misma.

En esta tesitura, ha emergido con prudencia y sin levantar mucho la voz la figura de un chico joven, de la cantera y que da la sensación de haber asumido la responsabilidad de coger este toro por los cuernos. Álvaro Domínguez ni siquiera es titular indiscutible (aunque teniendo en cuenta lo que hay en la plantilla, merece serlo), pero sabe que alguien con pedigrí rojiblanco tiene que ponerse al frente y dar la cara cuando las cosas se ponen feas.

Después del partido contra el Rennes, Domínguez hizo exactamente lo que tenía que hacer. Asumió las consecuencias del brazalete de capitán, pidió perdón a la afición, aceptó los silbidos de la grada (unas veces justos, y otras no), y defendió a su entrenador, aunque haya mucha gente que no quiera verle más en el Calderón. Pero eso es lo que tiene que hacer un capitán: defender a su entrenador, mientras lo sea; hasta el último minuto. Y, cuando no lo sea, ponerse al servicio del que venga.

Porque lo último que nos falta es desear que el equipo pierda, sólo para echen antes a Manzano. Hasta ahí podíamos llegar…

Y, por cierto, no vendría mal que hubiera unos cuantos “Domínguez” más en la plantilla.