13 sept. 2011

Johnstone, Babacan y los hijos de la Gran... Bretaña


Sé que han pasado muchas legislaturas. Todavía vivía Franco, Zapatero estaba en el colegio, en España no se habían construido las autovías, y el AVE nadie podía ni imaginarlo.

El Real Madrid y el Barcelona eran los equipos que más trofeos conseguían en España, pero el Atleti les ganaba bastante a menudo. De hecho, aquel año éramos campeones de Liga, y estábamos ya en semifinales de la Copa de Europa.

Nos tocaba un raro equipo escocés, empeñado en llevar las rayas de la camiseta al revés que todo el mundo. Primero jugábamos en Glasgow. Se suponía que era un partido de fútbol, pero en Escocia son aficionados al rugby, y está visto que algunas veces se confunden. Nos brearon a patadas, sobre todo un pequeño pelirrojo llamado Johnstone, que tenía muy mala leche. Luego se liaron a puñetazos con nosotros en la entrada al vestuario. Y allí estaba uno de esos lamentables árbitros criados a los pechos de la UEFA. Se llamaba Babacan. Nos machacó con expulsiones y tarjetas amarillas que impidieron jugar la vuelta a medio equipo titular.

En el Calderón pasaron muchas cosas más. El club regaló una banderita del Atleti a cada espectador. El estadio se llenó de rojos y blancos. Estaba repleto de hinchas y de policías. Una peña llevó una pancarta que saludaba con sorna a los rivales: "Bienvenidos a España hijos de la Gran... Bretaña". La UEFA (siempre tan amable con nosotros) había dado orden al árbitro de pitar el final del partido y dar la victoria al Celtic en cuanto un espectador saltara al césped. Nadie lo hizo.

Pero el Atleti de los años 70 era mucho Atleti: Reina, Panadero Díaz, Ovejero, Alberto, Salcedo, Heredia, Ayala, Luis, Adelardo, Gárate... Hacían falta muchos Johnstones y más de un Babacan para frenar a aquellos futbolistas. Y no los pudieron frenar.

Los goles llegaron. Gárate marcó el suyo de cada partido y, por supuesto, no lo celebró. Gárate era demasiado caballeroso como para molestar al contrario levantando los brazos. Luego, Adelardo, el gran capitán, remató la faena. Más de 70.000 banderitas (en aquel tiempo cabían esos espectadores en el Calderón), una por cada hincha, se agitaban sin parar. Se oían los gritos de "Atleti, Atleti" desde el río hasta la Plaza de Castilla. Éramos grandes, muy grandes.

El Atleti llegó a la final, aunque de eso es mejor no hablar hoy. Centremos el interés en lo que viene, y en tratar de acercarnos a aquel Atleti de los años 70, que es lo que se merece esta afición.

Te escuchamos en el twitter de Somos Atleti y en el de Vicente Vallés.