30 dic. 2010

Kiki D'aquí

#Atleti Después de conocer que Miguel Ángel Gil Marín ha sido elegido Mejor Gestor del Año, yo ya me espero cualquier cosa, incluso que Cerezo protagonice el próximo anuncio de Pelo Pantene. Bien es verdad que lo de MAGM ha sido en Dubai, donde los jeques con turbante comparten con la familia Gil el exquisito gusto por la arquitectura chafardera y el paseo marítimo con balaustrada, pero nunca se sabe hasta dónde puede llegar la afición por lo recargado, incluso en el discurso, que es en lo que destaca nuestro entrenador. El hombre eternamente abrigado (como dice Carlos Fuentes) llegó al Atleti cuando más falta hacía un hombre así. No es que se necesitara un entrenador con bufanda y constipado constante (incluida la Gripe A, que ya es, hijo mío, hacer un pleno al quince), es que, simplemente, la prensa y parte de la grada, se conformaba con un señor educado. El que teníamos hasta entonces, Abel, cuenta con muchas de nuestras simpatías por trayectoria colchonera y por lo que de el dicen los veteranos, pero se lo curra de modales al revés, qué fatalidad, vaya por Dios. Así que llegó Quique Sánchez Flores con su voz de cantautor y sus ojos de eyeliner y se dedicó a contarnos sus “sensaciones” y a usar palabras engoladas, pero en voz bajita, y con eso ya nos dimos por satisfechos. Quique se dejó llevar por el vestuario en privado mientras en público hablaba de estrategias ofensivas arriesgadísimas y de su concepto puro y limpio del fútbol y de esas cosas tan cursis que dicen algunos discípulos de Galeano. Y jugaba igual que Aguirre, con el mismo dibujo, cambiando cromo por cromo sin indicios de plan B alguno, pero nos plantó dos títulos en la vitrina. Dos, amiguitos, dos, que hacía mucho que no salíamos a festejar. Así que no tuvimos más remedio que bajar la cabeza y aplaudirle, como aplaudió Quique a la afición de este equipo, de este jodío equipo, que adelgaza más que el Pronokal.
Pero Quique nos tenía guardado un ataque de entrenador. Primero castigó a Forlán, recién llegado de ser Mejor Jugador del Mundial. Inteligentísimo. Luego a Assunçao. Bingo. Más tarde a Raúl García, que vale para todo, incluso para ser castigado siempre o para echarle a los leones de la grada cuando ruge. Pasado un tiempo llegó la penitencia para Domínguez, aquel que había maravillado durante los éxitos pasados. Quique aseguraba que estaba gordo (a pesar de que pesaba un kilo menos que el año pasado), que estaba cojo, y luego deslizó que al chico le gustaba la noche. Ya saben, débil con los fuertes y fuerte con los débiles, sobre todo si están representados por una empresa distinta a la suya, que no es ni más ni menos que la del insigne Quilón. Y ahora es Godín el que paga el pato. Godín, que apuntaba maneras de Kaiser, ahora ya no cuenta.
No contento con volver tarumba a estos cinco, ha vuelto locos a Ujfalusi y a Perea. Donde funcionaban, hizo trueque, válgame Dios. A Luis Filipe lo mismo lo coloca de titular que en el sofá su casa. Idéntico plan con Antonio López. Se ha dejado ir a Simâo, otro capitán, sin decir una palabra, sin rechistar y sobre todo, sin ganar dinero por él para poder fichar. Unos días pide refuerzos y al siguiente no le hacen falta. Ahora viene Elías, pero quizá lo siente un rato. O venga Juanfran y le mande a la peluquería. O llegue Vicente y entonces ya es cuando una sospeche que lo que le sigue es Albelda y pida el traslado a Kabul.
Dirán sus defensores que le tengo tirria y que me olvido de que gracias a su instinto disfrutamos ahora de De Gea. Para descubrir a De Gea no hace falta usas gafas láser ni soltar un halcón peregrino en Majadahonda, la verdad, aunque el hallazgo le costara la moral a otro porterazo que ha quedado desactivado. Dirán que ha recuperado al mejor Reyes y aquí es cuando servidora, al escribir ese nombre, se tiene que poner una plancha en un muslo para aplacarse el genio. Partiendo de la base de que José Antonio pagó en su día por no venir a este equipo, a mí más que un jugador me parece un mojón de carretera que jamás tendría que haber pisado este campo. Pero ahí está, con más expulsiones que goles esta temporada y con un talento enorme que apenas usa para encontrar el camino más largo entre dos puntos y caracolear sin sentido en vez de hacer la jugada más fácil. Seguramente sea de los futbolistas del Atleti más dotados para esto pero si yo fuera Quique jamás tocaría un balón. Por chupón, por rococó, y por pardillo. Y dirán finalmente que olvido las dos copas y tendré que contestar que fue Quique el que las olvidó primero cuando tiró absurdamente poder repetirlas o por lo menos intentarlas con seriedad. Así que nos queda la Liga, donde su promedio es peor que el de Aguirre en los mismos encuentros ( sí, sí, Aguirre, el de “Aguirre, vete ya”) y de los peores que se recuerdan en entrenadores que hayan aguantado en nuestro banquillo más de cuarenta partidos.
Dicho lo cual, le deseo lo mejor: mejor cara y menos picores de barba. Todos los éxitos, que serán los nuestros. De corazón. Forza Atleti.
Un artículo de María José Navarro 

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