7 nov. 2010

Mejor con un poco de humor

#Atleti La última vez que le ganamos al Madrid, los teléfonos móviles tenían el tamaño de un ladrillo, gobernaba Aznar, los adolescentes de hoy eran unos bebés, y teníamos un pedazo de delantero que se llamaba Hasselbaink. Desde entonces, me he tomado estos partidos con mucho sentimiento trágico de la vida, como si fuera uno más de "La casa de Bernarda Alba", donde García Lorca sitúa a un ramillete de mujeres amargadas, da igual lo que les pase.

Para esta ocasión he optado por cambiar de hogar. A sabiendas de que íbamos a perder otra vez, he preferido visitar a Tom Hanks en "Esta casa es una ruina", allí donde los protagonistas de la película, en vez de llorar, se abandonan a un ataque de risa cada vez que se les cae una puerta, o se quiebra un peldaño de escalera, o la bañera de la tercera planta se hunde en su suelo y atraviesa los techos del segundo y del primer piso, hasta quedar junto a la puerta de la calle.

Así he podido llevar con mejor humor que no nos hayan metido un gol hasta ¡el minuto 14!, cuando habitualmente nos lo meten en la primera o en la segunda jugada. Me he desternillado cuando Forlán ha tirado al palo, y cuando Xabi Alonso la ha tocado con la mano en el área y el árbitro ha dejado de pitar el quinto penalti en tres jornadas. Podemos sentirnos humillados con eso, como siempre, pero es mejor echarse unas risas.

Al final, el problema de fondo es que llevamos muchos años sin jugar bien al fútbol. Es tan simple como eso. Sólo en algún partido tenemos unos minutos de clarividencia. Nada más. Así se puede ganar a equipos del montón, pero no alcanzamos a hacerle daño a los buenos. Por eso, esta temporada hemos perdido ya con el Madrid, con el Barcelona, con el Villarreal, y por lo pelos hemos empatado con el Valencia. ¿Cuál es nuestra Liga entonces?

No pretendo resultar vitriólico, ni más pesimista de la cuenta. Eso sí: alguien deberá sentarse en serio a pensar en el futuro, porque la Europa League y la final de Copa de la temporada pasada fueron una gran alegría, pero cualquier Atlético al que no le ciegue la pasión tendrá que reconocer que ni entonces ni ahora hemos hecho gran cosa. Quizá cuando juguemos mejor al fútbol podamos ganar de nuevo al Madrid, ahora que los teléfonos móviles ya no son como un ladrillo.

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