21 nov. 2010

Los pagafantas

#Atleti Hemos ganado. Bien, Tres puntitos más. Un poco de felicidad. Y hasta el árbitro nos ha devuelto parte de lo que nos han quitado, aunque no queremos favores. Pero sigue pasando lo mismo: Forlán y Aguero miran de vez en cuando hacia atrás, y pocas veces ven a un centrocampista. Sí ven compañeros que juegan en la posición de centrocampista, pero no ven a ninguno que les ponga un balón aseado al pie, o adelantado con picardía, o con aspecto de acercarse a la portería del rival.


A veces, el balón se acomoda en nuestros pies, pero nuestra relación con él es disfuncional. Lo tenemos pero no siempre hacemos algo con él. Estamos pero no somos. En otras ocasiones, la pelota nos abandona para quedarse con el rival. Y entonces, sencillamente, ni somos ni estamos.


En algún momento aislado, alguien aprieta el interruptor de la luz y, de repente, una jugada adquiere sentido, un pase tiene destino, el fútbol se nos amanece, y somos capaces de hacer cuatro goles en un solo tiempo. Pero pasamos demasiados minutos en la oscuridad de la noche. Somos débiles. No sé si somos buenos, pero lo parecemos poco.


De todas formas, el Atleti está instalado en el grupo de equipos que ofrecen una de chicha y otra de limoná. Ni de lejos son los mejores, ni tampoco son los peores. Los megamillonarios Barça y Madrid bailan en el centro del escenario (ocho al Almería y cinco al Athletic), y los demás equipos aplaudimos y les hacemos los coros. Ellos humillan, nosotros miramos. Ellos gastan a mansalva, nosotros le hacemos la ola a sus fichajes. Los medios hablan de ellos y sólo de ellos. El espectáculo debe continuar. Barça y Madrid son como esos artistas de circo que dirigen el show con levita, y los demás somos la mujer barbuda, el payaso con bola roja en la nariz, y el tonto del pueblo que paga por verlo.


O quizá seamos, peor aún, los pagafantas. Barça y Madrid se nos insinúan, nos hacen creer que quizá tengamos alguna opción, nos camelan con miraditas, se dejan llevar de copas, las pagamos nosotros, y luego te dicen que sí, que les caes bien, pero que sólo te quieren como amigo. Se van con su novio. Mal rollo, colega.


Llevamos años pagando las fantas del Barça y del Madrid, mientras revoloteamos a su alrededor babeando, y a la espera de que un día nos den una propina.


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