25 nov. 2010

Las tarjetas de Mourinho: fair play en estado puro

#Atleti Sé de un boludo en los despachos de Concha Espina que no sabe dónde esconderse viendo el circo que monta cada día su Yose Mourinho en el banquillo. Como fiel leguleyo del Rey Midas, del Ser Superior, no le queda otro remedio que salir al paso con su mejor diplomacia. Sufre. Por algo no lo quería en el banquillo, por algo nunca se han llevado bien. Por eso cuando le preguntan por él responde así: “Mourinho debe seguir siendo Mourinho”. Bonita manera de no decir nada. Para ser argentino Valdano domina a la perfección el arte del toreo.

No pasa nada. El Ser Superior, como todo gran empresario del ladrillazo, solo busca objetivos, no repara en los medios ni en lo que se deja en el camino. No se lo deja él, se lo deja el Real Madrid que busca y no encuentra el señorío perdido y acumula odios por todos los campos de España donde antes era admirado.

Escuece en la Casa Blanca que el Barça sea la referencia mundial del buen juego y del fair play. Escuece también que los títulos visiten más el Calderón que el Bernabéu. Así que si hay que poner millones a mansalva se ponen, si para fichar hay que forzar a los jugadores y enfrentarlos a sus actuales equipos, se hace, y si hay que tragar con el estilo chusco, marrullero y prepotente de Mourinho, pues se traga y si es necesario hasta se disfruta.

Realmente no hay nada nuevo, pero el observador curioso que disfruta en la distancia del patetismo ajeno no para de sorprenderse con los argumentos, los silencios y las contradicciones del corifeo mediático blanco. Lo de las tarjetas de Sergio Ramos y Xabi Alonso en el partido contra el Ajax ya es de traca. El espectáculo ofrecido por Mourinho al criticar al árbitro por obedecer sus órdenes, el de Iker Casillas cambiando su versión de los hechos dos y tres veces, y el de Sergio Ramos haciéndose el ofendido, no es nada comparado con el espectáculo de los que los justifican en las ondas y en las portadas goyescas.

Forzar una amarilla no tiene nada de malo porque todos los equipos hacen lo mismo, dicen, pero obvian que Alonso y Ramos no forzaron una amarilla, ¡forzaron tarjeta roja y no una, sino dos! ¿Alguien recuerda un partido en el que dos jugadores fuercen por interés sus propias expulsiones? No se conocen precedentes. ¿Tantos millones gastados en galácticos y no pueden arriesgar prescindir ni un día de uno o dos de ellos? No hay nada de malo, continúan, no pegaron patadas para ganárselas. ¡Faltaría más, pero qué clase de argumento es ese!

Eso sí, no hay que mirar mucho tiempo atrás para encontrarnos una situación muy parecida donde no importaban las patadas. En marzo pasado bajo indicación de sus entrenadores dos jugadores del Real Madrid salieron al partido contra el Atlético de Madrid con la misión de recibir una tarjeta amarilla para forzar la suspensión y llegar limpios al derby contra el Barcelona. Curiosamente esos dos jugadores eran Xabi Alonso y Sergio Ramos. Alonso provocó un absurdo penalti tocando el balón con la mano pero el árbitro no se la sacó. Viendo que como jugador del Madrid necesitaba hacer algo más señalado todavía, apenas unas jugadas después propinó un notable puntapié a un jugador del Atleti que merecía la roja directa. Obtuvo su premio: la amarilla que buscaba. Sergio Ramos aplicó el mismo método que en Amsterdam: demoró escandalosamente el saque de una falta. En fin, que nadie criticó aquél día la acción de Alonso.

Con estas a uno solo le cabe decir que si en el Real Madrid caben, se justifican y hasta se aplauden los comportamientos y actitudes de este tipo, lo único que se merecen es que el lunes les caigan ocho. No caerá esa breva, pero si cayera una parecida será curioso escuchar cómo se las arreglan en las tertulias madridistas.

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