13 may. 2010

Por qué somos del Atleti

Me quedo con un momento de la final. Ese en el que el Kun, a dos minutos del fin del partido, levanta la cabeza, mira a Forlán, y levanta la mano en un gesto que dice: "tío, ven al primer palo, te la paso y metes gol". Dicho y hecho. Un momento de genialidad que va a engrandecer nuestra historia. La Uefa Europa League ya es nuestra.
Hemos esperado tanto tiempo y ha sido tanto el sufrimiento aparejado que muchos consideran que este título es la respuesta a la inquietante pregunta "¿papá, por qué somos del Atleti? Esta pregunta todos nos la habíamos hecho en la intimidad alguna vez. Era una duda con nosotros mismos que como mucho compartíamos con la familia. Hasta que Sra. Rushmore, la agencia de publicidad del Atleti convirtió esa duda común pero secreta en virtud pública, un hecho diferencial motivo de orgullo. Desde entonces, desde el día en que esa agencia mostró al mundo semejante incógnita ontológica, nos afanamos en encontrar una respuesta cuando la respuesta no es otra que la propia incógnita. No sé si me explico. Ser campeones es un estupendo caramelo, un premio a nuestra constancia, fe y devoción sin límites por nuestro equipo. Pero que quieren que les diga, si mis dudas ontológicas (ya van dos veces que escribo esta palabra así que a lo mejor van a tener que mirar el diccionario) se resuelven con títulos me haré de un equipo que no tarde catorce años en conseguirlos.
Yo prefiero no responder a la pregunta o al menos no hacerlo en público. Prefiero guardar el secreto como si fuera la pócima de los galos. Así, los otros nos seguirán mirando extrañados, a veces extasiados, y siempre con disimulada admiración. Aunque ganen más títulos que nosotros y nos miren por encima del hombro, aunque nos den esa hiriente y condescendiente palmadita en la espalda cuando los ganamos nosotros, lo cierto es que nos envidian a un nivel metafísico. Y es que nosotros no necesitamos ninguna justificación para vivir, vibrar, sentir, soñar, llorar, maldecir, morir y resucitar. Vivimos intensamente hasta el extremo y nos mantenemos en pie año a año por una extraña regeneración espontánea que se produce cada verano. Nuestro es el secreto del fútbol y de la vida. Y no hay ningún título, por bonito que sea, que pueda con eso.