1 may. 2016

La furia de Griezmann mantiene al Atleti

Golazo de Griezmann/clubatleticodemadrid.com

Más que un gol fue una explosión. 53 minutos estuvo Griezmann en el banquillo soportando el horror, viendo pasar el tiempo y las opciones en Liga; y salió como una botella de champán recién agitada. El corcho se coló como un obús en la portería Juan Carlos. Un zurdazo tremendo desde el borde del área a los treinta segundos de entrar, el primer balón que tocaba. Se acabaron las tonterías debió pensar "el principito". Menos mal porque el plan de rotaciones de Simeone para llegar con el equipo descansado a la gran cita del martes ante el Bayern resultó muy arriesgado para las aspiraciones en la competición nacional. Delante, un Rayo Vallecano acuciado por el descenso fue superior durante la mayor parte del partido.



El entrenador hizo una apuesta obvia aunque contraria a su lema favorito del partido a partido: en Champions dependemos de nosotros mismos para ganarla y además vamos con ventaja; en Liga dependemos de lo que haga el Barcelona. La consecuencia fue una alineación inédita y, este es el problema, con algunos jugadores que invitaban a la sospecha. Vietto, Oliver, Gámez y Kranevitter entraban en un once tras muchos, muchísimos, partidos sin participar en la dinámica del equipo. Y se notó, vaya si se notó.



Con una defensa rayista muy adelantada y en línea y sus delanteros ejerciendo presión en la salida del balón, el centro del campo rojiblanco de Kranevitter, Gabi, Thomas y Óliver no fue capaz de buscar soluciones. Éste último no fue el jugador capaz de desatascar el juego ni dar el último pase. Las bandas tampoco fueron lo mismo sin Filipe Luis y en la delantera Vietto acusó mucho la falta de confianza. Lo intento al principio pero perdió fuelle a cada minuto y se fue cabreado consigo mismo, con el mundo y pitado por la grada. Sólo Correa fue capaz de inventar algo distinto y desestabilizar el orden impuesto por Paco Jémez.



Pero fueron pocas las oportunidades. Con el centro del campo medio inutilizado el equipo abusó del pase largo a los dos delanteros que apenas superan el 1,70. Por ahí no encontró caminos el Atleti salvo una jugada de Correa casi al inicio del encuentro.

Fue con la entrada de Koke por Gabi (a quien se le vio luego dando órdenes desde el banquillo con un pinganillo en la oreja) y sobre todo las de Torres y Griezmann cuando el Atleti pudo respirar unos minutos. No sólo por el gol, con Torres, el equipo encontraba por fin una referencia arriba para ganar los balones aéreos. Con Griezmann había velocidad y transiciones en ataque. Aún así las prisas eran para el Rayo que dejó sus defensa en tres hombres e introdujo a Manucho. El Atleti replegó y a aunque Torres gozó de una clara ocasión, Oblak también tuvo que emplearse para evitar algún tanto antes de otro final sufrido.



Fue llamativo ver cómo el gol de Griezmann era celebrado por todo el banquillo menos por los dos jugadores que acababan justo de sentarse, Óliver y Vietto. Hay jugadores enchufados y otros (los menos) que no lo están para las metas tan altas por las que estamos luchando. La diferencia se midió sobre el terreno de juego en kilos de furia, El Atleti sigue en la lucha a la espera de un pinchazo del Barça.



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