10 abr. 2014

Una victoria legendaria

Ganar, ganar y ganar y volver a ganar. Recuerdos de Luis en el Calderón. Foto: José Vallés
Ni una de las 55.000 almas se movió del Calderón cuando el árbitro pitó el final del partido. Había muchos motivos para celebrarlo. El primero, el partidazo del equipo, lleno de fe en la victoria y plagado de todos los valores que encarna nuestro escudo y que de forma tan sublime están bordando en nuestra memoria colectiva para siempre. Intensidad, solidaridad, coraje y, además, buen juego, extraordinario por momentos. Pero muchos de los que estábamos ahí, los que superamos cierta edad, recordamos aquél fatídico partido ante el Ajax de 1997 con el penalti errado de Esnáider que nos birló la oportunidad de acceder a las semifinales de una Copa de Europa que llevaba nuestro nombre. La acabó ganando el mismo Borussia Dortmund que sucumbió ante el Atleti en la fase de grupos. Y sobre todos planeó el cuarenta aniversario de la final de 1974. Algo de eso hubo cuando los jugadores, tras dar la vuelta al estadio, se retiraron al vestuario mientras la grada, aún repleta, les despidió al grito de "Luis Aragonés, Luis Aragonés". Era una convocatoria a capella para arreglar un error de la Historia.

Diego Pablo Simeone dio una nueva lección al Tata Martino sobre el tapete táctico del Calderón y eso que el partido se presentó exactamente igual que los otros cuatro anteriores, con la diferencia, no menor, de que el Atleti afrontaba el encuentro sin su Messi y sin su Iniesta, sin Diego Costa y sin Arda Turán. Un problema menor, como se demostró, cuando los jugadores que saltan al campo dan el cien por cien de su capacidad y la emplean en un ejercicio de solidaridad, coordinación e idea del juego colectivo que no tiene hoy ningún equipo en Europa.

Es una batalla que Simeone comenzó a ganar la semana pasada cuando sacó a Adrián en el partido de Liga demostrando con su buen juego que estaba en condiciones de dar la sorpresa ante el Barcelona. Le motivó en rueda de prensa y seguro tambien cara a cara en la intimidad, y el jugador le ha respondido como no lo había hecho en toda la temporada. El Cholo es un genio y lo demostró otra vez explotando al máximo cada grieta del rival. Insistió el Atleti machaconamente en enviar balones aéreos a Raúl García para aprovechar su superioridad aérea y de envergadura frente a Jordi Alba y Mascherano. Por ahí vinieron las mejores oportunidades de Villa y Adrián. Los palos evitaron una goleada en los primeros veinte minutos. Supo dar entrada a los jugadores adecuados, Diego y Cebolla, cuando se precisaba. Gabi, Koke y Tiago se dejaron el alma enjaulando de un lado a otro del campo a los centrocampistas del Barçá y lanzando contraataques, a veces de setenta metros de recorrido, demasiados para llegar enteros al remate. Ahí se dejó el Atleti más de una oportunidad de sentenciar. El trabajo del portugués en los últimos minutos cortando balones junto a Godín fue auténticamente imperial. Imposible dejar de citar a alguno, del primero al último cumplieron con creces su función.

También jugó la afición, hasta un buen rato después de haber terminado un encuentro con aromas de final. Un ambiente que partido a partido se supera. La comunión es total y contagiosa. Hasta la hinchada culé, que tuvo un comportamiento ejemplar que hay que destacar, se rindió al escenario, a la épica del momento, y aplaudió al equipo rojiblanco y a su afición cuando abandonaba el estadio, algo que sólo se había visto recientemente cuando nos enfrentamos al Liverpool.

Seguro que ninguno de los otros tres equipos que están en el bombo va a alegrarse si le toca el Atleti este viernes. Jugar contra este gigante es un dolor de muelas.

Conversamos en el twitter de SomosAtleti y en el de José Vallés