16 mar. 2011

Toda la fuerza para el Atleti

#Atleti El 30 de octubre de 1999 no había grandes noticias en España. Aznar y Almunia empezaban a calentar la precampaña electoral; Herri Batasuna decía que no se presentaría a las elecciones; Pinochet llevaba un año retenido en Londres y el Atleti ganaba al Madrid en el Bernabéu. ¡¡¡¿Cómo?!!! Si, probablemente esta última sería hoy la noticia más leída en la página web de cualquier diario por encima de la fusión del núcleo del reactor de Fukushima. En cambio, aquel año, que el Atleti ganara al Real Madrid, aun siendo una noticia poco frecuente, no era más extraño que un tsunami gigante. Desde aquella victoria, la última del Atleti sobre el Real Madrid, han pasado 20 partidos y dos tsunamis gigantes de proporciones devastadoras. Hoy una victoria del Atleti cotiza en las casas de apuestas a mejor precio que una ola gigante.
No pretendo ser frívolo comparando la tragedia de un tsunami con la tragedia anual de nuestro equipo. Simplemente me viene bien usarlo como una metáfora, como una buena medida para afrontar el partido del sábado. El Atlético necesita ser un tsunami en el campo si quiere derrotar al Real Madrid. En estos doce años no nos ha servido jugar en ocasiones mucho mejor que el rival, ni tampoco ha servido apelar a la garra, a la afición, a los finados o a la salud psicológica de los atléticos menores de edad, ninguno de los cuales ni ha conocido ni puede recordar lo que se siente cuando se vence al eterno rival.
Necesitamos ser un tsunami, no dar ni una oportunidad al rival, no conceder ni un gesto, no perder la concentración ni un momento. Yo no les daría ni la mano antes del partido; les bailaría la danza maorí y con el saque de inicio iría todos a una hacia delante como si fuera un partido de rugby. Es el momento de morir en el campo para reparar una injusticia que dura más de una década.
El 30 de octubre de 1999 se ponía fin a otra mala racha: nueve años sin ganar en el Bernabéu. Se puede hacer lo mismo en el Calderón. El sábado, si somos un tsunami, el Kun surfeará para todos en la cresta de la ola.
Te escuchamos en el twitter de Somos Atleti
Y puedes seguir también el twitter de José A. Vallés
Actualización:
Se ha cambiado el título a petición de un aficionado atlético japonés.
Nota aclaratoria del autor (16/03/11, 22:05)
Algunos habéis manifestado vuestro desacuerdo con el artículo y os habéis sentido ofendidos por la utilización de la metáfora del tsunami en un momento como el actual. No tengo reparos en pedir disculpas a aquellos que se hayan sentido heridos en su sensibilidad. No es para mí ningún problema pedir perdón las veces que sea necesario a aquellos que que tienen la humanidad de sentir tan de cerca una tragedia tan lejana.
Hechas las disculpas quiero explicar que, desde luego, no era mi intención herir esa sensibilidad. De hecho, del texto no creo que nadie pueda extraer ningún tipo de desprecio o burla hacia las víctimas del terremoto. Es verdad que he traído a colación un desastre de actualidad como es el tsunami, pero no por sus consecuencias trágicas sino por su dimensión como fenómeno natural imparable para compararlo con la fuerza mental con la que tiene que acudir el Atleti el sábado al Calderón. Podía haber dicho huracán o ciclón, que también provocan desgracias y son de uso común como metáfora. Puede ser que no haya sido acertado hacerlo en este momento pero creo, y admito que puedo equivocarme, que el hecho de que se haya producido una terrible tragedia no debe provocar que generemos un tabú sobre las palabras tsunami, terremoto, catástrofe u otras similares siempre que no se use con tono de burla o desprecio, y no ha sido el caso.
De todos modos, debo aceptar que mi sensibilidad no ha estado a la altura de la de algunos lectores, por lo que intentaré la próxima vez compaginar el cuidado de mis expresiones con la necesidad personal de no resultar plano ni instalarme en la tiranía de lo políticamente correcto en mis escritos.
Para terminar, manifestar mi sincera solidaridad con todas la víctimas del terremoto de Japón.
Un saludo y aupa Atleti.
José A. Vallés