16 dic. 2010

Un minuto de duelo por la Europa League y ni uno más

#Atleti 60, 59, 58, 57... Qué triste caer así, 56, 55, 54, 53... No volver a levantar una copa de Europa este año, 52, 51, 50, 49... No jugar los miércoles europeos con equipos como el Liverpool, el Oporto, el PSV, el PSG, el City, 48, 47, 46, 45... No nos hemos merecido pasar. 44, 43, 42, 41... Claro que el pasado año tampoco pero entonces hubo suerte y este año la suerte se ha esfumado, 40, 39, 38, 37... Y encima hemos dado una imagen lamentable para un campeón... 36, 35, 34, 33... Porca miseria, no levantamos cabeza y por si fuera poco la Copa del Rey este año está inalcanzable. 32, 31, 30.
Me sobran 30 segundos y no voy a seguir lamentándome. No porque no tenga ganas de hacerlo. No volver a levantar la Copa me ha dejado como cuando sales un día con una chica estupenda y al día siguiente ya no quiere saber nada de tí: tronchao. Es simplemente que este pequeño drama de hoy no es nada comparado con lo que puede suponer no cumplir esta temporada nuestro principal objetivo: entrar en Champions. Porque el himno de la UEFA Europa League no está mal, pero el himno de la Champions League, ese que tiene el privilegio de ser pitado únicamente en el estadio Vicente Calderón gracias a Platini, ese himno digo, es la hostia. Yo no sé ustedes pero ahora que tenemos recientes dos copas europeas a mí lo que me pide el cuerpo es escuchar el himno de la Champions. No es que desprecie la Europa League, cuidado, es que me obsesiona la otra y sobre todo me obsesiona estar al nivel de la otra.
Así que dejemos a un lado el luto, vayamos a lo importante y veamos lo bueno. Y yo lo que veo a bote pronto es que ahora los jugadores van a disfrutar de más descanso que nuestros rivales Sevilla, Villarreal y Valencia. Este año el título es entrar en Champions y se acabó... 3, 2, 1, 0.
Por cierto, hoy he visto el partido en un monitor de 15". Había un jugador bajito del Atleti que me ha confundido. Entre la pequeña pantalla, la nieve que caía y los movimientos imposibles de ese jugador a ratos creía estar jugando a un videojuego. El Kun es un fenómeno sin límite.